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En la vida de un futbolista siempre hay momentos emotivos
que se escriben incluso mas allá de los propios terrenos de juego.
Son esos que se quedan grabados en tu corazón y que incluso adquieren
mayor relevancia cuando luego perduran en el tiempo. Si en su día
fue para mi un extraordinario honor que en Bruselas un entrañable
grupo de sportinguitas que vive en eternidad su asturiania se acordaran
de mi y tomaran mi nombre para bautizar la denominación de sus
colores, aun lo es mas por el hecho de que hayan logrado convertir el
entonces presente en un futuro siempre revitalizador, como lo es la verdadera
amistad y el afecto puro que se respira en su seno y que siempre han sabido
hacerme llegar.
La Peña Sportinguista Eloy de Bruselas es mi otra
familia, aquella de la que gusta disfrutar a cualquier jugador, cuando
lo es, y a cualquier que lo fue cuando deja de serlo, pero siempre consciente
de quien ha sabido transmitirle su cariño, porque el calor de una
peña es fundamental para que un jugador se sienta arropado por
la afición, sobre todo si es la que, como ha sido mi caso, ha sabido
estar a mi lado. Por eso seria injusto si no les diera las gracias a cuantos
la integran.
Cuando cada temporada regresan mis amigos desde tierras
belgas para entregar su Premio Atomium a la Desgracia apenas puedo esconder
la emoción que para mi supone participar de su fiesta. Se trata
de una jornada cargada de emotividad, porque no solo es la reunión
de unos amigos, a la que invitan a los integrantes de otras peñas
a compartir su efusión de sportinguismo, es también un ejemplo
de sensibilidad, porque mi peña, y lo digo con ese orgullo confesable,
se acuerda de quienes mas apoyo necesitan: los jugadores que sufren una
lesión. No hay mayor lunar en cualquier practica deportiva que
las lesiones. Hasta en esto es ejemplar la Peña Eloy de Bruselas.
Me asomo así a la página web de la Peña
Eloy de Bruselas. Lo hago para extender a través de ella un abrazo
a todos los sportinguistas que se reparten por el mundo y para reiterar
mi agradecimiento a estos amigos, que me han aportado muchas cosas y siempre
buenas. Lo reconozco, soy un apasionado de mi peña de Bruselas,
de mi segunda familia.
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